miércoles, 2 de noviembre de 2011

Poquita cosa

Apareció tras la puerta en un abrir y cerrar de ojos, como si de la nada se tratase. Vestía grandes zapatos, chaqueta larga y guantes de lana. Miraba de frente, profundamente, penetrante; miradas llenas de sentimientos ocultos, palabras inexistentes que se filtran con las bocinas de los coches en la calle. Se movía de forma delicada dibujando dispersas emociones semejantes a las que forma el caprichoso andar de las nubes en el cielo. Sonreía inocente pero de manera significativa. Sonrisas protectoras, luminosas como el sol que se cuela en la habitación a primera hora de la mañana. Sonrisas grandes pero simples, de las que se utilizan la mitad de músculos que para fruncir el ceño pero que hace que nos sintamos el doble de bien. Tropezaba produciendo roces de todo tipo, roces que producen asfixia, sensación de ahogo, ataques al corazón, pero tan agradables como una buena manta en pleno invierno. Se limitó a soltar un 'hola' como cuando se arroja una bolsa de basura al contenedor. Para ser alguien tan expresivo era un tío de pocas palabras.