Por una regla de tres todo el mundo tendría lo que quisiese, pero por desgracia, todo lo que queremos tiene un valor; un valor que nos cuesta ciertos sacrificios y que en ocasiones podríamos no querer realizarlos y preferimos renunciar a eso que tanto deseamos. Pero por mucho que nos cueste, siempre debemos de superar a nuestra ambición y darnos esa oportunidad de querer conseguir algo por nosotros mismos, como una puesta en escena a nuestras limitaciones, un respiro a nuestro corazón envidioso, retar a una carrera a nuestro ego, o echar una partida con nuestra competividad mental.