Sí, poco más de quince minutos bastaron para que reprimieras mis palabras con aquella afirmación. Yo negaba lo bueno de la vida, maldecía corazones rotos por todo el mundo y a las personas vagaban por las calles con sus frias mentes llenas de falsas esperanzas. Pensé en lo insignificante, en lo desleal, en el sacrificio, en el dolor. Me hundí en un pozo sin fondo en el que solo oía los latidos de mi corazón, inmensos, sonoros, llenos de sentimientos y valor. Tu dijiste que nada valía en este mundo más que una persona con la que pasar la mejor de nuestras vidas, la única que tenemos. 'En efecto' pense, pero el caso es encontrarla, buscar y encontrar, retroceder y perder, avanzar y tropezar.
-Practicamente es imposible -dijo- pero lo mejor de todo esto es que después de un camino duro, triste, lleno de oscuridad y amargura te espera esa luz que a todos nos hace abrir los ojos y decir: 'sí, ahora soy felíz'. Ella giñó un ojo pero solo pude ver su pelo bailando al viento. No vi su cara pero definí sus rasgos finos y hermosos. Ella tapaba el sol que en mis ojos se veía de frente y sólo vi su luz rodeandola por completo. Creo que tras buscar mi salida en una conversación en la que tocabamos a cincuenta palabras cada uno encontré mi luz en la que sostenerme de la fria soledad que rodeaba mi ser en esos quince minutos de reflexión en voz alta.
