viernes, 20 de enero de 2012
Y pienso, si no existes yo me muero.
Y yo me pregunto: ¿Por qué tus ojos son así? ¿Por qué, a pesar de ser de un color corriente y de ser dos, como los de todo el mundo, me miran de forma distinta? Desconciertan, desordenan la memoria paulatinamente, detienen el tiempo, paralizan movimientos, provocan sensaciones, emboban. Es como si tuvieran vida propia, como si estuvieran dotados de los cinco sentidos que tenemos cada ser humano en el planeta. Hablan como si les fuese la vida en ello y vocalizan a la perfección; escuchan atentamente cada sonido, palabra o simple ruido con interés, haciéndote ver que saben ayudar a los demás, oír lo que la gente les dice y hasta guardar un secreto; huelen el dulce aroma de la belleza y corren veloces a observar aquello que se la proporciona. En su defecto, huyen de la esencia de lo malo, lo cruel; también de la amargura del dolor, del dulce sabor de unos labios que no ven pero que si sienten. En definitiva, yo nunca he visto nada igual con estos dos ojos que no tienen manos para callar las palabras que salen despedidas de mis pupilas sin ton ni son, con estos dos ojos que no saben escuchar y que se tambalean lado a lado sin control, con estos dos ojos que lo único que saben es volverse locos y chocarse con la realidad de vez en cuando, con estos dos ojos que se desbordan de alegría cada vez que se encuentran de frente con los que llevan grabados tu nombre en el iris.