lunes, 4 de abril de 2011

Aunque todo siga siendo subjetivo, aun quedan excepciones

A diario nos vemos atrapados en conversaciones donde el final está más que claro, cuando mentimos, en donde nos cortan la frase cuando aun no hemos acabado de decir todo lo de debíamos. Las palabras son inversamente proporcionales a todo lo que queremos decir y realmente, lo que en un principio venía siendo una idea prometedora para intentar arreglar algún problema o sencillamente un conjunto de palabras que pudiera hacernos salir de un aprieto, se queda en nuestra memoria mientras que dejamos salir de nosotros lo único que verdaderamente sentimos: vacío.
Cada acción que queda por reacer, cada gesto fuera de su sitio, cada intento de solución sin propósitos, termina en un terrible e inseguro silencio. Y lo volvemos a intentar, y esta es la buena, y damos últimos retoques a nuestra composición de palabras mental y entrecerramos la puerta de nuestra conciencia y nos deseamos suerte y abrimos la boca y todo se reduce a un profundo y cálido suspiro que delata nuestra posición ante la adversidad.