Adoro la forma en la que me miras y siento como corren las ganas de abrazarte por mis venas; odio que te equivoques en todo tan de vez en cuando por todas esas ideas absurdas que circulan por tu mente. Es encantadora la manera en la que me di cuenta de que realmente entré en tu corazón una vez y difícilmente salga; no soporto que me mires y me sonrías con esa típica cara de ‘todo me da igual pero finjo quererte aunque a día de hoy no te aguante’. Es increíble que pueda llegar a sentir lo que siento gracias a un par de palabras bonitas y un cielo prácticamente azul; es ridículo confesar que te quiero porque, verdaderamente, te odio más que a nadie, pero aun creo en eso de que del amor al odio solo hay un paso, y te digo, que yo lo doy adelante y atrás muy amenudo.
