sábado, 16 de abril de 2011

(Primera parte) Todo un año queriéndote sin remedio


(Doce meses antes)
Nos conocimos, intercambiamos tuentis y móviles, quedamos y nos enamoramos tontamente. Todo se fue prolongando y nos queríamos mucho. Corríamos en zig-zag por las calles riendo constantemente sin motivos y sin aliento. Nos sentábamos en el cesped del parque de la esquina y jugábamos con la boca a encontrarnos y besarnos tranquilamente. Nos mirábamos y sonreíamos, caminábamos mientras hablábamos, jugábamos en la playa con las olas y mientras me besaba en la orilla con cariño a veces se colaba una mano en mi pantalón sin pensar. Pasábamos las tardes en su casa divirtiéndonos con cualquier cosa y diciéndonos 'te quiero' sin parar. Éramos como cualquier pareja normal.

(Ocho meses antes)
Pasamos de estar en su casa por las tardes a estarlo por las noches juguteando por los rincones y haciendonos los dormidos como si nada. Nos buscábamos entre la oscuridad y juntábamos nuestros cuerpos como si fueran uno solo, y bailaban sobre las sábanas recibiendo placeres mutuos y sonoros. Más tarde solíamos abrazarnos y él me cantaba al oído cuando llovía o sencillamente cuando le venía en gana. Otras veces me cogía y me mantenía contra la pared mientras nos besábamos apasionadamente y, faltándonos el aire parábamos unos segundos mientras nos semidesnudábamos porque sí. Cada mañana de domingo me despertaba a su lado y por algún motivo extraño siempre me estaba esperando; antes de que pudiera abrir los ojos me besaba en cuello con ternura y me susurraba el típico 'buenos días princesa' que nunca se me hacía cansino. Sin lugar a dudas lo amaba con todo mi corazón.