martes, 22 de febrero de 2011

Cuando un clavo saca otro clavo


Yo estuve aquí, sí, tu te caíste, lloraste, te lamentaste, maldeciste la vida, el destino que te llevó a todo eso, y nadie lo niega. Nadie quiso saber de ti, nadie quiso volver a ser engañado y nadie quiso remediar el daño que yacía dentro de ti. Pero acuerdate, yo estuve ahí, yo fui la única que pensó en coger tu mano, en ayudarte a salir del mal trecho que se asomaba por las puertas de tu futuro. Fui yo la que pensé que tu eras otra persona que gritaban desde un silencio muy lejano. El silencio que rebelaba el secreto de la injusticia impuesta a tu nombre. Sí, yo fui la persona que pensó que la vida tiene dos caras, y admito, que vi que tu jugabas con la parte feliz de este mundo pero ciscabas a la mala. Creeme, no me gustó lo que vi, pero aun así luche en tu honor, quise sacarte de lo más profundo de tus mentiras, quise llevarte adelante, y lo conseguí, conseguí que recuperaras las ganas de vivir aunque, de este modo perdiese las mías, pero bueno, dicen que se debe de pelear por lo que quieres y ahora entiendo eso de que las buenas personas son las que terminan ahogadas en profundos vasos bañados en un intenso dolor, y son éstas las que saldrán perjudicadas. Nadie las sacará del vacío de los recuerdos.