Y es que es sólo pensar en ti y me falta el aire. Un sobrio pesar que cae encima de mis hombros y me susurra al oído: ‘te lo dije’; cada palabra, cada gesto de la gente me recuerda a ti, por no decir que todo me hace personificarme en las tardes que pasamos, y en los momentos que vivimos; lo que más recuerdo es… oh si, sin duda fue el día en que dijiste que me amabas, que no podrías vivir sin mí, y sí, me lo creí. Caí en tu trampa. Pensé que nunca me dejarías, y miré por mi corazón, más siempre comprenderé que me jugaste una mala pasada. Ahora sé que he vivido todo este tiempo engañada, y he de decir que aun no he podido admitir que a pesar de todo lo que pasó te quiero, sí, te quiero, y ahora que me di cuenta de lo que tengo o lo que tenía, no cambiaría por nada del mundo estar en la situación que estoy porque nada me hizo sentirme mejor en mi vida que tu compañía, aunque no hay mejor compañía que la que uno imagina y las ganas que pone en ello, y es cerrar los ojos y ver que estás conmigo. Te veo. Nos veo.
