miércoles, 23 de febrero de 2011
El primer amor nunca se sabe muy bien como llega
Prácticamente ni llegaba de puntillas hasta la mesa en la que estaban sus padres sentados aquel día y lo recuerda como si hubiera sido ayer mismo. Corría de un lado hacia otro, con su carrito de muñecas y moviendo la cabeza de un lado para otro revolviendo sus pequeños rizos rubios que caían por su frente. Su sonrisa malvada dejaba ver lo buena madre que sería de mayor, porque no paraba de regañarle a su muñeco. Le hacía reir. Era tan guapa como mandona. Sí, ella era perfecta de pies a cabeza, empezando por sus adorables ojos azules y sus entrañables manitas de muñeca. La recuerda perfectamente aunque no sabe por qué. Sólo tenía cinco años y pensó que el mundo se caía. La vio llorar un par de veces y el corázón le dio un vuelco. Esa extraña sensación sólamente la experimentó aquel día de junio y querría volver a sentirlo de nuevo. Yo pensaba que el amor no entendía de edades, pero parece ser que hay épocas en las que no sabes lo que sientes realmente, pero estoy segura que lo que sintió él fue amor.
